
El 30 de julio de 1749 se decretó el exterminio de los
gitanos españoles
Ese fue un día infernal en el que todos los demonios del averno, a las órdenes del
Marqués de la Ensenada, salieron del Infierno para acabar cruelmente con la vida
hombres y mujeres, niños y ancianos, gitanos que vivían en todo el territorio
español. Fue el rey Fernando VI quien firmó la REAL ORDEN PARA LA PRISION
DE GITANOS que con gran dedicación dirigió el todopoderoso Zenón de
Somodevilla y Bengoechea que era el hombre de confianza del Rey. Ostentó los
cargos de Secretario (ministro, diríamos hoy) de Hacienda y función Pública. Y con
gran dedicación igualmente fue ministro de Guerra y Marina, así como responsable
de la política de España en Indias.
Pero lo que le dio más renombre y poder fue la represión que ejerció sobre miles de
familias gitanas siguiendo al pie de la letra lo que decía la Real Orden.
Sin embargo, lo que más sorprende al historiador es comprobar que de esta
persecución no se habla en ninguna parte. Los libros de texto de las escuelas
relatan la expulsión de los judíos en 1492 ordenada por los Reyes Católicos. Y de
la misma forma, en 1609, fueron empujados de nuestro país los musulmanes
españoles. Pero de la persecución de los gitanos se ha corrido un tupido velo hasta
hace nada y menos. Ni se han escrito novelas, ni los dibujantes han realizado sus
comics y ni siquiera se han hecho películas que pusieran de manifiesto aquel intento
de genocidio.
Así sucedió y así se lo contamos a ustedes
A las 12 de la noche del 30 de julio de 1749 el infame Marqués de la Ensenada
puso en marcha la más cruel persecución de las familias gitanas de toda España
para acabar definitivamente con nuestras vidas. Dio orden de sacar de sus casas a
todos los que vivieran en ella, separándolos por sexos y encerrarlos en cárceles
separadas. Los hombres fueron separados de sus mujeres junto a sus hijos varones
a partir de los siete años. Las mujeres permanecieron juntas en otro recinto
carcelario con sus hijos menores de esa edad. De esta forma quedaba garantizada
la imposibilidad de reproducción de la raza.
Les ofrezco literalmente algunos párrafos de la infame e inhumana Orden:
“Aviendo resuelto el Rey se recojan para destinar, como lo tenga
por conveniente, los gitanos avecindados, y vagantes en estos
Reynos, sin excepción de sexo, estado, ni edad. Y respecto de no
averle logrado completamente en prisión de todos: Manda ahora
su Magestad, que por todos los medios, y en todas partes, se
facilite, y se asegure la de los que huvieren quedado… haciendo
responsables de la omision o defecto que se experimentare a las
Justicias Ordinarias de los Pueblos, y Jurisdicciones en que
suceda, y se averigue para que por si, en la parte que le
corresponda, y comunicándolo a todas las Justicias de su
Jurisdiccion, con las advertencias y convinaciones, que tuviere por
convenientes, se logre el cumplimiento de la expresada Real
determinación, como se espera del zelo de V.”
Pero el exterminio y la voluntad de acabar definitivamente con la existencia de
nuestro Pueblo quedaba garantizada porque si alguno lograba sobrevivir, la Orden
establece que
“Todos los bienes de gitanos presos, y fugitivos se han de
embargar, inventariar, y vender con cuenta justificada..”
Una vez detenidos y encadenados, con el fin de tener un estricto control de cada
una de ellos, la Real Orden determina que
“… las personas se han de conducir a las Capitales para que con
las noticias que se dieren de su número, y clases, se providencie
la conducción segura a los parages de sus destinos”. Las Justicias
deberán perseguir en sus términos a los Gitanos, o Gitanas de que
tuvieren noticias, y agregarlas al grupo de detenidos más
inmediato, dando cuenta de cada uno de ellos para que se pueda
hacer constar de quien faltare.”
Y si algún gitano o gitana lograba escapar huyendo de tan criminal apresamiento, el
Marqués de la Ensenada estableció que para garantizar la eficacia del
apresamiento
“… se dará (pidiéndolo al Capitan General, ò Comandante General
de la Provincia) el auxilio de Tropa, que se considerare bastante.
Dios guarde a V. muchos años.
Madrid doce de Agosto de mil setecientos cuarenta y nueve.”
Firmado Marqués de la Ensenada.”
Pero esta historia aún está por escribir, aunque en el firmamento intelectual de
quienes más y mejor se han ocupado de nuestra realidad histórica figuren nombres
como los de Antonio Gómez Alfaro (qepd), Felix Grande qepd), María Helena
Sánchez Ortega o Manuel Martínez Martínez.
Todos han puesto de manifiesto que las autoridades de entonces, y de forma muy
especial en Andalucía, entraron en la madrugada del 30 de julio de 1749 en las
casas de las familias gitanas para llevar a cabo el Baró Estardipen (Gran
encarcelamiento). Los hombres fueron recluidos como esclavos en La Carraca de
Cádiz, un astillero donde se reparaban y construían buques, situado en la localidad
de San Fernando. Las mujeres, cargadas con sus hijos menores de 7 años, fueron
llevadas hasta la Alcazaba de Málaga. Todos ellos, menos los que murieron por las
enfermedades que contrajeron y la dureza de la tortura, estuvieron presos durante
16 años.
La crónica de lo que pasó durante los años que duró el Baró Estardipen —no digan
“Gran Redada” que es una acepción inadecuada para referirse a las penalidades
que sufrieron los gitanos y las gitanas españoles— está por escribir. Trataré de
ofrecer en estos días algunas pinceladas informativas sobre lo que pasó en este
terrorífico espacio de nuestra historia.
Y ahora, amigo/a lector/a complemente lo que aquí se dice escuchando la obra
maestra de Juan Peña “El Lebrijano” titulada PERSECUCION. Y si mientras lo oye
nota que algo en su interior se conmueve y unas gotas de emoción mojan sus
párpados, piense que está rindiendo un homenaje a aquellos inocentes que hace
ahora 275 años sufrieron las consecuencias del Baró Estardipen.
Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya
Abogado y periodista